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martes, 2 de agosto de 2011

El forecast

El forecast es cuando las previsiones que son cuando dices que vas a vender o a gestionar o a ganar tanto, y luego resulta que es menos y te caen leches hasta en el epidídimo.


Se hace sobre todo para quedar bien con el jefe. Pero es más complicado que eso. Ya que tu jefe deberá quedar bien con el suyo y así hasta Dios o Rouco, que son un poco lo mismo sin serlo del todo.


Tú quedas bien con señor jefe, pero tienes que asegurar que él queda bien con el suyo y el suyo con el de más allá. Así que si dices porque crees que vas a hacer siete, dí cinco, porque así cuando hagas siete quedas muy bien, cuando hagas cinco, no quedas mal, y cuando hagas tres, te cae una hostia pero algo más flojita.


El forecast es un rato cada semana o cada quincena o cada mes, según cualcuno diga. Pero la cosa es que entonces tienes que ir y decir el futuro. Porque el futuro es importante, porque en el futuro es donde sucede siempre todo. A nadie le importa una mierda lo que sucedió ayer o antesdentonces. A nadie. Ni siquiera lo que está ocurriendo ahora. Lo importante es siempre lo que va a suceder más allá de la curva que no vemos. De eso vivimos las empresas, los pensionistas, las ICAVs que son una cosa que es para que los pobres trabajen para que las Koplowitz tengan el pelo ideal de sí mismas.


La predicción debe ser creíble. No vale decir: yo puedo con todo, porque no. NO vale decir que si hice dos, ahora haré doscientos, porque no tampoco y tampoco. Si hiciste dos, harás tres o te cortarán los huevos en juliana. Si hiciste dos y haces cuatro, te harán chico bueno y te darán palmaditas durante cuarenta seguros y luego te pedirán cinco y luego harás otra vez dos y te cortarán en juliana la parte que no cortaron la última vez que cortaron.


Cuenta el tiempo. Si lo que sea va a suceder en Noviembre, mejor que sea así, o tú serás el responsable de que haya niños descalzos o mujeres con los pechos vacíos. Si te adelantas, tampoco es bueno, porque hay que hacer lo que se dice que vas a hacer, lo importante es el futuro y que éste sea como hemos dicho que será. Si dices Noviembre y es Octubre, les jodes la contabilidad y los impuestos a las Koplowitz y ya no quieren poner más fajos entre tus muslos. Te darán y te dirán, pero tampoco será para tanto, porque al final, siempre es bueno tener más y tenerlo antes, que tener menos y no tenerlo nunca.



Es un juego de gato y mamón, a ver quién pilla a quién. Tú no puedes pasarte, pero mucho menos quedarte corto. Es un juego de seguir vivo cuando termina que es nunca.



Con ese juego vive tu jefe y el jefe de más arriba y también los dueños que dicen que su empresa hoy no vale nada pero dentro de dos meses, será la hostia. Asínque fluirán los capitales, eyacularán las aportaciones y la acción valdrá lo que nunca ha sido visto. Habrá tipos que cogerán tu palabra y harán de ella una caja y le pondrán ribetitos y la venderán en un mercado a las gentes que buenamente puedan. Y esas gentes, estupendas, temerosas de Rouco y sus diseños, cogerán los ribetitos y le pondrán otros y volverán a venderle a otros que son los que te vendieron a ti tu plan de jubilación.


Cuando al cliente le dé por recortar gastos, cuando a la fábrica no le lleguen materiales primarios en sí mismos, cuando lo que tú has dicho que va a suceder en el futuro, va y no sucede ni en el futuro ni en su puta madre, llegan todos y te matan y te persiguen y te exigen y cae sobre ti el peso de la púrpura gorda.


El forecast es Dios o Rouco o Alá. El forecast dice lo que hay. El futuro es importante. El futuro es lo único. Tenemos que saber jugar a las formas vaporosas, hacer que parezcan y que luego sean casi verdad y no nos pase nada y Rouco nos pille confesados, o como mucho, con gayumbos no muy sucios.

martes, 23 de marzo de 2010

Los Principios Corporativos



Sí, amigos, tenemos unos principios. Claro que si no les gustan, como decía el evangelista, tenemos otros.

Tenemos una compañía que hace dinero, y que si no lo hace se lo pide al gobierno, que es como que están de rebajas, porque si no te lo dan a la primera, les dices que les pones mil quinientos tíos en la puta rúa, y a ver quién puede más, y al final, ya se sabe.

Tenemos una compañía que echa a la gente y la pone en el paro porque este trimestre no cumplimos la cuota, pero también tenemos una compañía solidaria que ayuda a Haití y manda artículos de primera necesidad como botas de montaña y bolígrafos recargables; y lo mejor, lo ponemos en nuestra web corporativa: ayuda a Haití, mándanos tu subsidio de desempleo, que nosotros se lo daremos a una ONG en efecto, amigos.

Tenemos unos principios que son inalterables, al menos mientras no nos manden posters nuevos desde la Central. Unos principios que te cagas, señores. Integridad, compañerismo, orgullo, fiabilidad, trabajo en equipo, responsabilidad… no me jodas, Lupita, a ver quién supera eso.

Los ponemos en carteles, los ponemos en la web. Los ponemos en la documentación a clientes y en las facturas que les mandamos, por la parte de atrás, para que todo el mundo sepa y todo el mundo esté seguro de lo que puede esperar de nosotros: integridad, trabajo en equipo, esas cosas que le dan sentido al capitalismo humano, al nuevo modelo económico, a las empresas con responsabilidad social corporativa y a su puta madre, ay qué cosas.

Ayer mi jefe me pidió nombres del departamento. Le han dicho que de los ocho que quedamos sobran por lo menos dos, y como es nuevo y las gafas de pasta no le dejan ver el cuadro, nos llama al despacho y como muy en plan “oyes, esto entre tú y yo, en plan colegas…”, te pregunta, ¿tú qué opinas de quién sobra? ¿Ramírez-Mocos? ¿González de la Gran Mancha Justo Ahí?... dime, anda, entre nosotros, anda, que de aquí no sale, anda….

Y tú le miras a la cara, a las gafas y al incipiente cartón. Le miras mucho antes de decir nada. Quieres pensar en algo... tipo magreo en la barra del Airis con la Maritornes. Lo que sea menos dar nombres. Cualquier cosa menos decir al gafapasta un nombre que él luego use contra mi; porque después llamará a Ramírez-Mocos, y le dirá que fui yo quien di su nombre.

No consigo pensar en nada. Me distraigo con los principios corporativos. Los tiene pinchados en la pared, justo a noventa centímetros detrás de su cartón… soy un embajador de mi compañía…, el cliente es el centro de todas nuestras acciones y motivaciones…, somos responsables,… somos predecibles…., somos íntegros….., mis compañeros son mi cliente…, pertenezco a una compañía…, evito los personalismos….

Creo que no me he dado cuenta, pero es posible que los haya leído en alto… El tío me ha echado del despacho. Dice que estoy en su lista, que somos ocho y sobramos uno y yo. Pues qué bien con los Principios Corporativos…

jueves, 2 de abril de 2009

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy: la Gestión de Expectativas.

La Gestión de Expectativas es que pides medallón de merluza o solomillo reventón y te traen gato, pides Suflé Alaska y te traen gato, y pides gato –por variar más que nada- y te traen gato –por asentar el concepto de quién es quién y dónde está cada uno, más que nada.

La Gestión de Expectativas es una de las claves del mundo moderno. Bueno, de los antiguos también, pero como ya no le importan una mierda a nadie y vete tú ahora a preguntarles, pues vamos a quedarnos con lo moderno, ya saben el poliplástico ése y demás materiales.

¿Qué se espera recibir cuando se pide algo? –preguntó uno que nos dio un curso, y que tenía el traje azul y los zapatos marrones. Supongo que al hacer la pregunta esperaba que alguien contestara. Ya se sabe con estas cosas, que siempre cuesta romper el cuesco. ¿Pero esperaba el zapatos color caca que nadie dijera mú? Sería bastante probable. O tal vez sí. O yo qué coño sé, que no estaba atendiendo en ese momento.
¿Esperaba por el contrario que anduviéramos todos en lo de quitarle el record del Brick Breaker a Carmencita Jiménez-Guiñapo, una de Marketing, auténtica killer en esto de la informática de usuarios a su puta bola? Pues yo diría, por lo que comentaron después –andaba yo tras la pantalla 30 para entonces- que el zapatitos no, definitivamente no se esperaba, que ni los ácaros de la moqueta le andaran mirando.

El mundo se divide en clientes y proveedores. Eso es así. Lo saben hasta los autismos. Ahora, que depende quién seas y a qué hora del día estemos, la división será entre clientes y capullos, o entre capullos y proveedores. Importante: los capullos están siempre del otro lado al tuyo.
Para entendernos. El mundo se divide en los capullos que no hacen más que joder, y yo mismo, que soy el que dicta la cuestión. Por ejemplo, querido lector ocioso que en lugar de estar correspondiendo con tu trabajo al sueldo que te pagan, estás paseándote por la Internect, que sepas que tú lo que eres es un capullo. ¿Y por qué?, me dirás. Pues porque no eres yo, capullo; y que sea la última vez en tu vida que accedes a este blog con gafas de pasta o zapatos marrones. Capullo.

Pero nos estamos alejando de la costa, que diría el sobrecargo. A veces eres cliente, por ejemplo, y entonces lo que tú has pedido es lo que quieres, pero mejor y más barato y con más accesorios y nata montada y aceitunas y un descuento por volumen de negocio o por mensualidad vencida y cobro a seiscientos días. ¡Ah, coño! ¡Que resulta que soy el cliente y no me haga usté repetirle, lo de que yo siempre tengo la razón!

Pero otras veces eres tú el proveedor y entonces el que hace de cliente va y se pone chulo y te dice que eso que le has puesto es muy poco y está helado y que en la reunión de gestión del alcance y modificaciones al proyecto ya te djeron, y desde luego que quién ha sido el que dio la aprobación para las nuevas funcionalidades y siempre se ha dicho que el potorro del ahorcado entra también en la caja.
Pues bueno, pero no. Porque el capullo siempre es el otro. Y no hay gestión de expectativa ni nada en esta vida que se haya hecho para beneficiar al que no sea yo mismo.

1.- ¿Pero no me dijo usted que lo quería blanco? No, yo no lo dije. Sí, mire usted, aquí lo tengo yo apuntado. Fin.

2.- ¿Blanco? ¿Apuntado? ¿Y dónde está mi firma? ¡Ah!, que lo apuntó usted para sí mismo y no se preocupó de que yo le aceptara el cambio. Fin.

Elija usted una de las anteriores. La primera si es proveedor, la segunda si es cliente. Lo importante es estar rápido, acudir a las fuentes, hacer mención de documentos inexistentes o letras pequeñas que nadie se lee. Reproche siempre ese comportamiento a su interlocutor, eso le hará sentirse culpable y bajar la guardia. Momento en el que aprovechará usted para metérsela doblada, a la vez que exclama:

- ¡Pero qué poca importancia le damos a la Gestión de Expectativas! Si es la clave de todo.

Si el otro no le sonríe tímidamente y de paso le da las gracias por la aclaración, entonces es que usted es un mierda y no merece más lecciones de Gestión Empresarial Moderna y Gilipolla como la que proporcionan estas páginas.

Ah, y que sepa que aquí hay un capullo, y ése no soy yo precisamente.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy: el Centro de Coste.

“El Centro de Coste es como la virginidad, el don más preciado. Bajo ningún concepto se da a nadie, mucho menos si es un extraño. Si, llegado el caso, no te quedara más remedio que darlo, que sea siempre a cambio de algo que merezca la pena, como dinero o favores gordos”.

Sabias palabras, ¿no les parece? Aún me parece estar oyéndole, a mi primer jefe, don Ignaciano, un señor de los de antes, Jefe de Servicios Generales durante casi cincuenta años, con su palillo en la boca y sus tres dientes color caca.

El Centro de Coste es algo que es tuyo y de muy pocos más, algo que te ha sido concedido, pero no para que lo malgastes de manera irresponsable, sino para que lo conserves y se lo transmitas lo más intacto posible a tus sucesores, que no hay cosa peor ni más fea ni más indecente que un Centro de Coste que va de mano en mano, al que todo el mundo imputa costes y del que nadie quiere hacerse cargo.

Antes de dar el Centro de Coste, regatea, pelea, miente, adula, grita, regala, promete en falso, roba… lo que sea con tal de que tu contrario entienda que lo tiene muy jodido y que le tocará poner mucho encima de la mesa para poseer esa información.

Conviene no dárselo ni al primero ni al segundo ni al noveno intento. Que crea que es imposible. Que vaya reduciendo pretensiones cada vez que vuelve con lo mismo. Y, lo más importante, que se vaya olvidando de las tentaciones. Si se trata de imputarnos los gastos del becario asignado a nuestro departamento, y que se ha pasado todo el puto verano tocándose los cojones, vale. Pero si de paso lo que quiere es introducirte las facturas de hotel más cena más desayuno más masaje tántrico, para siete, que el Director Comercial no sabe cómo hacer para que se lo pague la empresa, que se vaya a tomar pol culo PERO YA.

El Centro de Coste es el Centro del Universo, el punto gravitacional único e indivisible sobre el que orbitan los curros de todos aquellos que le sirven y de él se alimentan. Debes protegerlo con tu vida y evitar que ningún hijoputa lo mancille con sus facturas. Una vez que un Centro de Coste cae en malas manos, y es conocido de todos por su facilidad para tragarse cuanto le echen, más le valiera a su responsable arrojarse al vacío; a partir de ese momento, cualquiera puede llegar e imputarle desde horas de consultoría hasta taxis, parkings, comidas, viajes a la Alcarria, corderitos segovianos, cajas de Rioja, lencería de colores, y así hasta llegar a eso que están ustedes pensando, cerdos rijosos.

Claro que estamos hablando de tu Centro de Coste, no del de los demás. En ese caso, la ecuación se invierte de manera ultracompleta y total de la vida. El Centro de Coste de los otros es tuyo, dispón de él como quieras, ataca con todas tu fuerzas, violéntalo, hazlo tuyo, méteselo todo, desde el cochecito eléctrico con marchas de tu sobrino hasta la reforma del baño. No hay tasa ni cuartel ni hostias que valgan. A por ellos. El mundo es tuyo, fuiste tú y no otro el que heredó la tierra. Lo dice la Biblia, puedes disponer de todo cuanto ves a tu alrededor: animales, personas, árboles frutales, iphones,… Tú eres el Rey de la Creación. Pero recuerda, sólo una cosa tienes vedada: no tocarás tu Centro de Coste.

Porque, una vez tocado, ya no hay vuelta atrás. Ese día, tu Departamento, ciertamente desparecerá entre estertores. A tu jefe tal vez le asciendan, pero a ti, pequeño mierda de oficina, y con la excusa de lo insoportable que le resultas como gasto a tu empresa, no te queda más que apuntarte al Coro de Parados de tu Puto Barrio. O hacerte el sirimiri en medio del comedor corporativo, a ser posible en hora punta. Que lo vean todos, coño.




Obsérvense las miradas obscenas hacia
el Centro de Coste de la pudorosa compañera.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy: la Orientación a Resultados


Orientarse a resultados no es como orientarse a Cuenca ni como orientarse en la niebla ni siquiera se parece a orientarse hacia la pediatría. Orientarse a resultados es una manera más de tener a los curros entretenidos y que éstos se dejen de tocar los güevos con verbigracia.

Razón de sobra para ponerlo en esta sección de Grandes Conceptos Gilipollas Universales de la Gestión Empresarial.

Comenzando por donde el principio, cuando las antigüedades, pongamos por caso, tú llegabas con una tarjetina así como de cartulín en las manos, y un tipo que olía a ajo te ponía un sello con la hora de entrada. Y si no estabas pelín atento, podías acabar con la mano llena números, porque el tío no iba a estar encima para fijarse, que él era hombre importante y estaba en pleno bocadillo.

Después de muchos años, y aprovechando que el del ajo tenía que jubilarse, un señor delgado y con mal color, vino un día y puso una máquina en la pared según se entra, más o menos a medio metro por cima de donde antes estaba el del ajo, y nos explicó que a partir de ese mismo momento del tiempo, había que meter la tarjetina por el ranurado mismo que la máquina tenía según la mirabas desde abajo Y entonces, ñaca, en lugar de ponerte el número el del ajo, te lo ponía la máquina, pero encima sin dejarte la mano hecha un esqueje.

La cosa fue evolucionando porque el ser humano es listo de suyo. Cuando aprendimos a cambiar las agujas del reloj para que dieran las nueve en lugar de las doce y media, y cuando los gapastas de aquella época se dieron cuenta, nos dieron como unas tarjetas de crédito pero sin pelas dentro, que las tenías que pasar por un lector, que era una ventanita con un rayo colorao que si lo miras te quedas ciego y no esta vez sí que no es por culpa de las pajas, sino por mirar al rayo de los cojones.

Luego lo hicieron más complicado porque en el convenio del sector se dejó la posibilidad de tomarse unas horas al mes para asuntos de propio interés y a usté qué coño le importa dónde voy a la una y cuarto del mediodía, ya ves tú. Entonces pusieron un teclado con números así del uno y el dos y el tres y sigue, y una tecla con una flecha qué les diría yo tipo así @que nos dijeron que es para introducir, aunque yo nunca lo vi claro.

¿Que tienes que dar el pecho al niño porque eres una madre y tienes tetas y un niño para chuperreteártelas? Marcas el 76, por ejemplo. A lo mejor en su empresa de ustedes es otro código, pero en la mía es el 76, me van a decir a mí, que yo le he usado casi a diario. ¿Que tienes que salir a realizar una gestión administrativa al Torrezno de Oro? El 48 es para gestiones ante la administración local. El 49 es la del estado. ¿Que vas a un curso de inglés con unas rumanas que te succionan hasta las lentillas? El 27 hasta Cibeles y luego ya cambias.

Pero amigos, todo tiene un precio o un límite o un se acabó lo que se daba y nos vamos a quedar solos a base de hostias. Porque la mente del gafapasta es incansable y siempre está pensando en el mal y en el peor, y así será por los ciclos de los ciclos. Que un buen día llegó uno que estuvo pensando toda la noche y dijo mientras se ponía de pie:

- No, si lo importante no es que fichen los empleados, sino que hagan eso que tienen que hacer y que vete tú a saber qué coños será.
- Bien visto, Legorreta.
- Espera que no he terminado.
- Joder, pues a ver si terminas pronto, que se me va a dormir el brazo…
- Hagamos la Orientación a Resultados.

que como su propio nombre indica consiste en dar por culo un poco y más.

Que nada de fichar. Fichar es cosa de viejos y antiguos y casposos y el código de lactancia para el que lo quiera. Que ahora van y te dicen que tienes que tener al final de mes repasadas todas las facturas, y que si te vas a tu casa o al parque de atracciones, que nadie te va a decir nada, pero te repasas todas las putas facturas, que ya hay que tener huevos, y a final de mes como no las tengas, te capamos con mucho gusto…

O sea que no cuentan las horas, ni si vas por la oficina con cara de estrés de la vida. Lo que cuenta es que tengas las doscientas quince mil facturas repasadas, el plan de negocio del primer trimestre redefinido y el puto estudio de viabilidad de un guorflou para la gestión de viajes analizado… Y ojito que este mes hay dos puentes, majete. Que te vas a cagar…

Así es. No es más que una manera más de lo de siempre: demostrar una autoridad que no saben dónde la dejaron la última vez que la usaron, y, de paso, joderte un poco por la zona de los agujeros…

¿Y cómo sabemos de la poca sinceridad de su propósito?, me dirán ustedes. Bueno, o me dirán otra cosa que no tiene que ver, pero como yo no he venido aquí a hacerles caso, sino que estoy a lo mío, resulta que ¿y cómo sabemos de la poca sinceridad de su propósito?

Sencillo, muy sencillo. Cumplan de sobra con los resultados esos: el guorfluo de los viajes, el plan nordeste, las facturas repasadas y encima de propina, un informe sobre la evolución del ratio de productividad versus las variaciones atmosféricas recientes, quinientas páginas, Pajarito.

Y no se me asusten, que eso está chupado, que para eso están los informes del año pasado y las facturas se miran una de cada diecisiete y a ser posible de cada noventa y cinco. Que no van a saber qué hacer con el tiempo que les sobre, almas de cárpato…

Estamos a día quince del mes en curso corriente. Y usted, con sonrisa amplia, franca y deliciosa, abre la puerta del despacho de su jefe, y con movimiento delicado y sutil deposita sobre la anexa mesita de reuniones los cuarenta y cinco legajos. Es entonces cuando el berzas y gafapasta que ocupa el despacho preguntará qué es lo que qué.

- Los objetivos. Todos. Bueno, más lo de la productividad, que ya he adelantado parte del mes que viene.
- Pero, pero, pero…
- Nada, nada. Hasta el quince del mes que viene, don Eugenio Alberto de las Españas Circuncidadas...

No volverá a tener objetivos. En cuatro días estará usted fichando. Porque, recuerde, hay que demostrar autoridad. Imaginen el pánico del gafapasta si de repente, el diez del mes corre que te corre corriente, entrara el jefe de su jefe, muy buenas, muy buenas, ¿pero esto qué es lo que es, Álvarez Mocos?

- Es que,… en realidad… han hecho los objetivos.
- Es usted un gilipollas de los que quedan pocos, Álvarez-Mocos. Le han vuelto a tomar los pelitos…

Por eso, más vale saber gestionar la cosa de los objetivos. No los haga todos de repente, que le dirán que los tenía mal puestos o que eran pocos, o que no sabían realmente de su gran capacidad. Huya como gato del agua hirviendo de los cumplimientos y las medallas y los honores. No es propio de un oficinista zen como usted y como yo, que estamos por encima de estas cosas. Hagamos lo que tengamos que hacer en exactamente el mismo plazo que teníamos asignado. Ni un segundo más. O mejor dicho, no lo hagamos. Entreguemos las copias del año pasado, pero exactamente en el mismo plazo. Ya verán como la economía mundial tampoco lo nota esta vez.

Y lo que se agradece una buena siesta entre semana…


viernes, 7 de marzo de 2008

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy: La Gestión del Talento.


Bien, bueno, veamos… La Gestión del Talento que le dicen. ¿Cómo se lo explicaría yo? Sí, claro, cosa de gafapastas. Pero incluso más allá, es cosa de los gafapastas que más se creen las bobadas que dicen –que los hay, no se vayan ustedes a pensar.

Haciendo un poco de historia rápida, antes a los Gestores de Talento se les llamaba Capataces, y llevaban látigo y pistola (bueno, cuando los romanos, solo látigo). Eran tipos simpáticos los Capataces, abiertos siempre a los planteamientos razonables, nunca decían que no a una buena paliza. Su principal misión era obtener el máximo rendimiento de las cuadrillas que tenían asignadas –en eso no ha cambiado mucho el cuento-, y ponían sus mejores recursos en ello: que si un par de balas en la espalda, que si quemarte la casa, violar a la parienta y de paso a las ovejas que escondías en el chamizo. Gente que sabía de Gestión de los Recursos, nosajodío.

Después, cuando se inventaron las oficinas, los Capataces pasaron a Encargados y, aunque no les quitaron las pistolas, les dijeron que mejor usarlas sólo al aire libre –o en la terraza-, que dentro las balas siempre terminan rebotando y a ver si va a haber una desgracia. Los Encargados, más sutiles –habían ya ido un par de años a la escuela-, ya no aplicaban la misma violencia física en la Gestión del Recurso. Con tenerle con un sueldo de miseria, jugar con sus expectativas a base de favores y putadas en fina mezcla, ya solía valer. Bueno, y si hacía falta, tres o cuatro descargadores que te esperaban a la salida del curro y lo mismo te deshuesaban las piernas que se las comían con un par de pintas por cabeza.

Pero el invento de la época fue sin duda alguna, el miedo. Miedo a quedarte en la calle, a que tus hijos pasaran hambre, a que te pillaran robando un boli del almacén o haciendo la fotocopia el carné… Miedo a no fichar a la hora, miedo a no pedir las vacaciones según el formulario, miedo a que el jefe apareciera un sábado por la ofi y no estuvieras tú en tu mesa con de papeles hasta las cejas… Ahora que ya saben lo que pasa con la gente y también con las personas. Que, como dicen, dura hasta que dura dura. Que mucho miedo, mucho miedo, pero al final, acabas engañando a la máquina de fichar, fotocopiándole los libros del bachiller a tu hija y metiendo en las hojas de gasto la compra de la semana, qué coño.

Y como todo evoluciona y las empresas y las oficinas también, pues ahí siguen inventando sus cosas para que los jodíos empleados no sigan tocándose los huevos ni haciendo de su capa un rayo. Y ahora, en lugar los Residuos Humanos, lo que se gestiona es el Talento, que es lo mismo pero no es lo mismo. A ver si me lo explico. El Talento es eso que llevas dentro, que siempre tienes algo. Que puede ser mucho o más bien una pelusilla de Talento, pero algo llevas. Y entonces, los gafapastas van y dicen que “el activo más importante de esta organización son las personas”, que es la manera fina de decir “hijoeputas, cabrones, ya está bien de tocarse en lugar de estar a lo que se está, y hacerme el favor de moverme los expedientes, que llevamos diez días con la redefinición del proceso y lo tenemos todo como el primer día”.

No sé si me explico, pero Gestionar el Talento es como cuidar a las cabras: que coman y no se desmanden, que hagan su curro y no pidan ni pregunten ni se lleven bolis. Es la manera moderna de hacer lo que se hacía antes con el látigo. ¿Y por qué es moderna? Porque lo que se busca es que el esclavo se lo crea, le guste el látigo –como si fuera más soquista o asina.

El Talento es eso que tenéis todos, nos dicen. Ahora nos toca a nosotros cuidarlo, y regarlo y hacer que crezca y ponerlo en el sitio donde más mole. Lo cual viene a ser que te dan una mesa al lado la puerta los baños, o no, puede ser peor, te dan cuatro mesas para compartir entre cuarenta –que de eso ya hablaremos otro día. Y ¿todo eso a cuenta de qué? De que tienes Talento y te lo están gestionando, chaval

Que es que hay que decírtelo todo. Anda, tápate, tápate…



Uno de los primeros workshops de Gestión del Talento

viernes, 1 de febrero de 2008

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy: el Empowerment

Directitos al punto del grano: el empochurren –o como se diga- es la manera gafapasta de llamarle al cómete tú el marrón que para eso eres un mierda de toda la puta vida. Algunos lectores querrían tal vez que matice. Pues la cosa es que no quiero hacerlo. Así están las cosas y punto en las pelotas. Que no he venido yo a este blog a perder el tiempo, bien gracias.

El eso, que me da mucha pereza decirlo, es la manera que tenían los jefes de los americanos para decirles a sus curros que mira majete, que no me cuentes tu vida, que soluciónalo tú y déjame en paz, que bastante tengo con lo mío que tengo yo.

Ni más ni menos, que la misma cosa. El chouguarren éste es cuando vas al despacho del gilipolla que manda y le dices:

- Jefe, que a resultas de que he pedido a organización los listados con el desglose de centros de coste, pero tomados éstos según se mira la organización de hace dos años, me han mandado mucho a la mierda.

Mirará tu cuerpo con cara de asombro y también de asco y también de un poco más de asombro y después te dirá que cómo eso de que entres sin llamar y entonces, tú contestarás que a lo mejor que como el otro día el Conejito Delegado dijo que despachos sin puertas y que más fluidez organizacional, que a lo mejor por eso le habían quitado la puerta al despacho hará ya cosa de dos semanas. Y el bobo los cojones mirará el hueco con cara de bobo de los cojones y otra vez tu cuerpo con el asco de antes, pero más.

- ¿Y qué quieres que yo le haga?
- Hombre, pues no sé, que como no tengamos eso, no vamos a poder sacar lo que nos han pedido para Informe Anual…
- Pues no lo sacamos.
- Sí, pero es para el Informe Anual, que ya sabe cómo se pone el director financiero con esas cosas. Bueno, y también el de personal y el de marketing… Que llevamos ya varios años poniendo el del 97 y nos dieron un toque el año pasado…
- ¡Joder, la hostia, Hombre Topo! –eso es que ha perdido la paciencia.
- De verdad que no es por molestar, que es que yo creo que una llamada al director de organización…
- ¡Me cago en tus muertos, Hombre Topo! ¿Es que no eres capaz de resolver estas cosas por ti mismo? ¿Tengo yo que estar solucionando todo lo que le pasa a este departamento? ¿Y qué pasa con el empouguardés? ¿Es que no estuviste en la charla del porronponponés?
- Pues estar, sí que estuve, pero es que creo yo que por coger un momento el teléfono… -demonio, qué bueno soy tocando los huevos.
- ¡A la mierda! ¡Vete a la puta mierda! ¡Resuélvelo tú! ¡La compañía espera de sus empleados que tengan iniciativa y capacidad de resolver los problemas por sí mismos! ¡Tú eres quien tiene el poder, no tu jefe! ¿O no escuchaste bien cuando lo contaron?

Llegados a este punto de la cosa en sí misma, debo aclarar algunas aclaraciones:

- Que no me cabreo porque mi jefe diga que se caga en mis muertos. Entre otras cosas, porque sé que es mentira. Que donde en realidad se está cagando es en los pantalones, que se acojona vivo cuando tiene que llamar a otro que encima es más jefe que él.
- Que sí, que nos dieron una charla del espogüerlés hace un par de semanas. Y que en la charla, lo que yo saqué en clarete para mis ideas, es que a partir de ese momento iban a estar muy mal vistos aquellos que fueran a llorarle al jefe con sus cositas suyas.
- Que mi jefe, lo que se dice solucionar, en su puta vida ha sido capaz de solucionar nada. Por ése es el concepto. Lo de ¿tengo yo que solucionar todo en este departamento? es porque en el fondo es gafapasta y acojonado. Y no, no es inmune a las habladurías ni a los complejos de uno mismo contra sí mismo.
- Que la verdadera razón por la que el jefe gafapasta de los cojones no quiere llamar al de organización es por no hacer ruido, por no llamar la atención y porque no se le señale en los comités de dirección. Hostia, que si quieres llegar a ser alguien en el mundo de los gafapastas, más que perfil bajo, tienes que ser una sombra en el cuarto oscuro. Menos cuando haces la pelota, claro.
- Sí que soy capaz de resolver las cosas por mí mismo. Pero mola más joderle la mañana al gafapasta. Así que he cogido las estadísticas del 97, que son las únicas que se pueden usar, y las he enviado con una nota manuscrita de mi jefe diciendo que si enviamos ésas es porque el hijo puta de director de organización se había negado en retiradas ocasiones a pasarnos los desgloses de los centros de costes según se mira la organización de la empresa por la izquierda del calendario laboral, y eso es lo que hay, y que si hay que echarle la bronca es al tal de organización, que no ayuda, ni hace el espachurrán de tener iniciativa.
- Cada día me sale mejor la letra del gafapasta. Es que de la gloria que da verlo, me voy a meter un anís ahora mismo.
- Coño

jueves, 13 de diciembre de 2007

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy, el Trabajo en Red.


Trabajo en Red, Comunidades Virtuales, Entornos Colaborativos.... ¿alguna idea de qué va el asunto? Ya veo, me ha tocado lo mejor de cada casa. En fin, servidumbres de ser un genio. No se preocupen. Tengo un gráfico que lo aclara todo:


¿Qué? Ni puta idea, ¿verdad? Bueeeeno. Pues vamos para allá.

Para empezar, levanten la vista de su sitio. ¿Qué es lo que ven? Me refiero a quitando los teléfonos, las papeleras, los boxes con las fotos de los críos, las plantitas, los botes de lápices, las pantallas de los pecés con sus muñequitos colgando, el calendario tachado o los salvapantallas de Mijatovic celebrando la séptima... ¿Qué es lo que ven?

¿Nada? A ver, piensen un momento. Algo más habrá, ¿no? Tienen cabeza y piernas y son esas cosas que están hablando por el teléfono o tecleando. Hay un grupo de ellas en la máquina de café, justo a la izquierda del despacho del jefe. ¿Ya? Se llaman personas. Son como usted y como yo, bueno, con una diferencia: ellos son gilipollas, usted también, yo no. Aunque a efectos del curso, vamos a asumir (que ya es asumir) que usted no es gilipollas. Es que si no, no nos va a quedar lo mismo.

Hasta el día de hoy, usted tiene un jefe. Normalmente, será como el mío, imbécil, trepa y con acné. Bueno, y un acojonado de cuidado, pero de eso habrá ya tiempo de ocuparse. Tiene un jefe y unos tíos y tías asquerosos que se pelean con usted a la hora de repartirse las vacaciones, los aumentos de sueldo y el reparto de objetivos. Eso se llama Departamento y sirve fundamentalmente para agrupar las reses, pero dentro de un edificio de oficinas. El Jefe del Departamento a su vez tiene otro jefe y así se van sumando hasta hacer un arbolito que se llama organigrama y que ayuda a dividir a la gente en dos tipos: los que disfrutan con ellos -y los dibujan y los corrigen, los celebran, los explican muy serios...-, que es gente que se podría emparedar sin que ocurriera gran cosa, y el resto de la humanidad que no pintamos organigramas ni puta gracia que nos hacen, más que nada porque constituimos el relleno de los mismos suyos.

Bueno, pues los organigramas una mierda pinchada en un palo comparados con el trabajo en red. Y llegamos a lo primero que deben aprenderse: la palabra paradigma. La palabra paradigma es como muchas otras palabras (configuración, sistema de valores, entorno metodológico) que sirven para que unos tipos con corbatas rosas y camisas con sus iniciales le metan unas facturas de aúpa a la empresa y encima haya que darles las gracias. Se llaman consultores y sólo se puede ser de los buenos si tienes apellido compuesto y tu padre llegó a cazar con Franco. Puntúa mucho menos si se quedó sólo en el Marqués de Villaverde.

Ni puta falta que hace saber qué es un paradigma, sólo se necesita saber que cambian. Y poner una voz ahuecada y resonante al decirlo: "el paradigma ha cambiado". Y cara de estar cagando piedras, fundamental. Por ejemplo, ahora su Departamento (esa gente molesta que tiene a su alrededor) ha dejado de serlo para convertirse en una Comunidad. De vecinos, no, virtual, comunidad virtual.

En lugar de las estructuras jerárquicas (el jefe es el que manda y esas cosas), ahora somos un equipo. En vez de relaciones de poder, ahora somos una asociación entre iguales. Si antes cada uno tenía que hacer su trabajo y a callar, ahora somos una comunidad de intereses donde todos aportamos en función de nuestro talento o área de especialización. Su jefe ya no es su jefe, es un miembro más del equipo. Tampoco se le vaya a ocurrir que eso significa que ya no tendrá prerrogativas sobre su sueldo, que se os da la mano y os comeis el brazo gitano.

En el resumen, que te cagas. O para que ustedes lo entiendan, cuando su jefe les convoque a la sala de reuniones -que no sé por qué pero siempre está ocupada y cuando se van los anteriores, huele a tigre- y les enseñe ésto:

entonces, que sepa usted lo siguiente:

- a partir de ese momento, lo suyo es el trabajo en red,
- su jefe ha pasado a ser su amigo pero le seguirá puteando, eso sí, en plan colaborativo y de comunidad,
- usted es uno de esos puntos, es decir, su importancia es exactamente la que es: ninguna; si se quita un punto del dibujo, nada cambia; si le despiden, ¿cree que alguien le echará de menos?,
- el jefe dirá eso de que "todos vamos en el mismo barco" y "somos una comunidad de intereses y aquí nadie es más que nadie".

No le quepa duda: el trabajo en red es otra manera de explotarle, la diferencia es que a los jefes les gusta pensar que usted se ha creído el asunto.

Es como cuando el Director de Residuos Humanos viene los viernes en vaqueros a la oficina. ¿Acaso es usted de los que se creen todavía que eso le va a impedir poner en la calle al que le llegue el turno ese día?

No te jode.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Diccionario Breve de Términos Empresariales Gilipollas. Hoy, el Cliente Interno.

¿Qué es un cliente interno? ¿Cómo? ¿Que no saben lo que es eso del cliente interno? ¿Nunca lo han escuchado ? Joder, pero si a los jefes no se les quita de la boca. ¿Los suyos de ustedes no hablan de eso del cliente interno? Amos, no me jodan que voy a ser yo el único que lo haya oído. Bueno, se lo cuento, pero que sea la última vez.

Empecemos por los empieces. Un cliente. A secas. Joder, pues un tío que entra en una tienda y pide a cómo están las alubias o unos gayumbos o lo que coño quiera comprarse. Es el mismo tío que cuando le dicen que a cien o a lo que sea, continúa preguntando que si los gayumbos son de los que aprietan o si las alubias están buenas (pregunta gil donde las haya, a ver qué quiere que le diga el de la tienda, que cuanto más tiempo lleva con esas alubias, más ganas tendrá de quitárselas de la encimera, no les quepa dura).

Así que un cliente es ese capullo al que tienes ganas de dejarle la cara hecha un mapa por pesado y receloso, pero al que no tienes más remedio que chuparle las partes porque a lo mejor va y suelta la mosca, y resulta que vives de eso.

Claro que tú también puedes ser cliente. Entonces, ni Supermán, ni Franco cuando vivía, ni el Rey de la Creación en bolas y con ganas de kiki. Un cliente, si soy yo, es más que Dios, vaya. Y lo demás no son más que ganas de venir a joder. Un cliente llega al restaurante y se cabrea y monta un expolio y dice bien alto que se entere hasta el de la puerta:

- ¡¿Y a este trozo de basura quemada le llaman hamburguesa Big Brooklyn?! ¡Que venga el encargado! ¡Y deprisita!

Y el encargado, que es un inmigrante que lleva seis meses más que el resto, motivo por el cual tiene derecho a ponerse una camisa negra en lugar del chaleco de colores con alegres chapitas que llevan el resto, lo primero que ha hecho nada más escuchar las voces es esconderse detrás de la barra porque él no vino a esta mierda de país a tener problemas, sino a ganarse la vida y ahora que justo le habían hecho jefe, pues ñaca, viene un capullo de cliente que para qué seguir con la historia.

Ya tenemos una base de partida: el cliente molesta cuando no es uno mismo. ¿Alguien necesita que repitamos? ¿Siguen todos ahí?

¿Y un cliente interno? ¿Qué coño de historia es ésa? Lo dicen los jefes, ya recordarán. Si su jefe lleva gafas de colores y el pelo como de recién levantado, lo dirá. Si es de los otros, lo dirá también, aunque sólo sea porque sabe que todos le van a señalar por no saber de esas cosas. El cliente interno es una de esas cuestiones que salen en los másteres y en los cursos de genios, que además, te cobran lo que no está escrito y tienes que hacer deberes en tu casa y exámenes, pero como te dejas una pasta, siempre te aprueban. Se tiran dos años con un tema y con eso ya tienen para que les pagues la tercera residencia. Tengo un compañero que le mandaron una vez a uno de esos.

- Nivelazo, oyes.
- ¿Y eso por qué?
- Para empezar, no tienen encargado. Bueno, de hecho, allí todos lo son. Acojona. Es de esos sitios en que, aunque eres el cliente, te hacen sentir como si lo fueran ellos.


¿Así que en eso consiste lo del cliente interno? Bueno, en parte sí y en parte no. Yo les explico rápido. Llegará un día tu jefe y os reunirá y pondrá unas filminas con colores muy monas donde sale una persona con la mirada perdida (Siempre salen personas así en las filminas de cuestiones empresariales de gran interés).


El jefe preguntará que quién es el de la mirada perdida, y nadie contestará, porque a saber quién es el de la foto. Entonces, el jefe, mosqueado, y después de aplastarse un poco el flequillo de un poco más y pillas en siesta, dirá: "El cliente, cojones; este señor es el cliente". "¿El cliente de quién?", preguntará uno que va de gracioso y al que me he apostado cincuenta leuros a que no llega a fin de año. "El nuestro", chillará el otro y se le caerán las gafas ésas tan ingrávidas.

O sea, que todos tenemos un cliente. Da igual que los comerciales sean unos capullos, que en nuestro departamento sólo nos dediquemos a reclamar facturas o arreglar los pomos de las puertas. Todos tenemos un cliente. El cliente interno. Que no es más que ese compañero que viene a pedirte tal o cual gestión o cosa, y al que debes percibir desde el primer momento como un cliente, tratando de entender sus requerimientos y motivaciones más profundas.

Que dicho de otra manera viene a ser que le mandes a la mierda como siempre, pero con un poquito más de estilo. Que tenemos que explicarlo todo.