domingo, 24 de noviembre de 2013

Yo. O tú.



Quiero ser camarero. Policía. Barrendero. Ganar la mitad. Vivir en el alambre. Trabajar en la hostelería oculta, en una caja B. He estudiado firmemente para ello. He puesto mi voluntad al servicio de mis aspiraciones. Quiero ser programador. Aprender en mi tiempo libre. Irme al paro un mes cada cuatro o cinco. Es lo que siempre ambicioné. Vivir en casa de mis padres hasta que no ninguno podamos más. Hasta que a alguno nos de un ictus. Y nos asignen a un lugar oscuro, algún espacio en el olvido.
Siempre quise llegar alto: a cortador de tela, a camionero. Hacer quince horas diarias. Mirar la tele sin en realidad ver nada, imaginar que algún día pudiera soñar de noche cuando cierro los ojos al menos sólo unos minutos, permítanme tan sólo unos minutos.
De todo lo que siempre quise llegar a ser, reconozco que ser puta, trabajar en los arcenes o en un polígono industrial en semiabandono, es lo que nunca creí que podría conseguir. Sólo con mi esfuerzo y mis dos carreras y mis varios idiomas he podido llegar hasta aquí. Miro mi pasado con orgullo. Cómo conseguí alcanzar este sueño, cómo cada noche he venido apretando los dientes diciéndome a mí mismo “no es suficiente, necesitas llegar aún más lejos”.
Esta pared de humedad de la que nadie va a ocuparse y que puede recordarme tantas cosas –mi casa, mis amigos, el sol de la mañana, el tren que nunca termina de llegar, el trabajo que no era verdad, el regreso que ya no puedo hacer porque no hay donde regresar.
Es donde siempre quise estar. Por eso voté y abrí un plan de pensiones y apoyé a la selección y acepté las medias verdades y las dobles mentiras. Por eso me indigné con los indignados y me irrité con los que protestaban y regañé a aquel anciano vestido de verde y a aquellas mujeres desnudas e indencentes.
Siempre quise ser camarero. O recogepelotas. O simplemente nada. Ni siquiera persona.    

lunes, 4 de noviembre de 2013

Un poco más allá de ahora mismo

Un poco más allá de ahora mismo hubieras estado tú. De no haberse estropeado la cosa. de no haber entrado el viento por enmedio.

Un poco más allá de ahora. En el abismo al que nos pudimos asomar. Ya me dices, aunque no podrá ser. Son cosas que nos ocurren a las personas.

Sobre todo a las que estamos solas.




jueves, 31 de octubre de 2013

El Descenso

Necesito ese pedido, Rodríguez. Lo necesito porque me comprometí y antes de nada está mi culo. Tú me dijiste que saldría. Ahora no me vengas con que el cliente dice y el cliente no dice. Me la trae muy floja el puto cliente y si tiene pasta o se la ha gastado en putas. Me la trae floja y es mi culo o el tuyo. O mejor, es tu culo antes que el mío. Si no lo hago, salgo en los papeles, y no va a ser el caso. Me da igual lo que digas. Me lo repones. Me dices con qué otra cosa lo cubres. Te lo inventas, lo robas, me la suda, pero quiero ese puto pedido, antes de mañana, Rodríguez. Esto funciona así. Ya lo sabías. Yo no voy a estar ayudándote ni dando la cara por ti. Si en algún momento te has pensado que podías contar conmigo, te has equivocado y mucho. No me vengas con rollos ni con excusas. No quiero verte la puta cara. Solo quiero el pedido. No me interesan tus problemas. Sólo que me asegures la cifra. Tengo un par de ex mujeres a las que pasar un montón de pasta, tengo planes, tengo una vacante en la central. Y tú sólo tienes esa cara de capullo y la cola del paro.