lunes, 12 de noviembre de 2007

Les voy a explicar cómo funcionan las cosas por aquí

El pez gordo se come al chico. El mierda amenaza al que es aún más mierda que él. Si alguien no te hace caso, si alguien no contesta un correo, si a algún listo se le ocurre darte el día, le mandas tú uno con copias a mucha gente, a toda la que puedas recordar. Gente que no exista, da igual, el caso es que se cague y haga lo que ya tenía haber terminado. Porque tú tienes prioridad y llevas en la oficina mucho más tiempo que cualquiera de los demás mierdas. Aunque sea mentira, que no se diga que te dejas comer el terreno. Y que nadie se ponga nervioso. Las cosas siempre llevan su tiempo, especialmente si las haces tú.

Por otro lado, la paciencia es un don. El don que te hace falta a ti. Si algo me lleva tiempo es porque tengo cosas más importantes que hacer. Lo mío corre prisa, lo tuyo no. Es fácil de entender. ¿Podrás entenderlo? ¿Sigues teniendo prisa? Aplica entonces el primer párrafo.

Vale, has ganado. Tus amigos son más fuertes que los míos, eres todo un hombre, ¿verdad? Lo haré tan rápido como me sea posible, teniendo en cuenta que te falta pasar el proceso de autorización interna, la aceptación del controller, el OK de Recusos Hermanos, ¿dónde está el desglose de costes? ¿y el código de departamento? ¿cómo es posible que aún no hayas dado de alta el cliente? No, no vale sólo con el NIF, necesitamos toda la documentación de la lista adjunta. Si tienes suerte y aún sigues aquí el año que viene, tal vez la hayas conseguido reunir. Pero que quede claro que yo no tenía más que ganas de ayudarte...


Bienvenido a mi mundo, capullo.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

lunes, 5 de noviembre de 2007

Todo forma parte de un gran plan

La putada es que te levantas tan contento y de repente, siempre ocurre algo que termina por joderte el día. Camuñas, el de contabilidad, tiene un letrero en su mesa que lo explica. Y razón no le falta, es una verdad como pocas de las verdades.
Andaba yo en mi primer sol y sombra, a eso de los amaneceres, esperando a que abrieran la oficina y colarme en el despacho del Director General para mi ratito de introspectiva de cada mañana, cuando, justo a mi lado se me sienta un calvo de los cojones. Vale que no estoy para nadie a esas horas, pero vamos, que había barra de sobra para los dos que estábamos. Y encima el tío se me pone a hablar. Yo, como que ni le escucho. Pero él, que nada de nada y te jodes que me lo vas a oír todo. Que si sólo usamos el cerebro a un veinte porcesto de su capacidad, que si el túnel de la muerte, que si todo forma parte de un plan... yo qué sé la de chorradas.

Como no quería cabrearme y soltar la mano a pasear, me pedí otro de lo mío. En copa grande. Y me cambié de sitio, con cara de "no vengas que esta vez sí que te llevas la hostia" El tío entendió, pero sólo a medias. Acercarse no se acercó, pero siguió con el raca raca, de que si el más allá, y la vida que hay después, y el plan y toda la cosa otra vez. Antes de irme, me acerqué a él. No en vano había sembrado una gran inquietud dentro de mi:

- ¿Así que todo forma parte de un gran plan? -le pregunté.
- En efecto, no hay la menor duda de ello -aseguró con gesto de doctor y de gilipolla.
- ¿Y en qué parte del plan salgo yo?
- Eso es un misterio insondable.
- Ya. Es para que me cambien. Que estoy hasta los huevos de la nueva que me han puesto en la mesa de al lado. Digo yo que no será tan complicado.
- Somos juguetes del destino, hermano.

No me gusta llevar los temas personales al bar. Es una cuestión de elegancia. Pero, claro, no contaba con que somos juguetes del destino. Le metí bien metido, en toda la foto de carnet, y luego después en el suelo, le volví a meter.
- ¿Por qué? ¿Por qué? - gemía con acento de paranormal.
- Ni puta idea, hermano -le contesté-; supongo que es cosa del plan.

Luego, en la oficina, y a la hora de escribir este bonito diario de mis cosas, miro a la nueva, que hoy también tiene cara de asco y me pregunto si ella también forma parte del plan.