En el metro. Un par de chavales, quince años cada uno. No más de quince años. Ella llora, él alarga tímidamente su brazo y roza su hombro. No me parece ningún gesto especial de consuelo, sino más bien que el muchacho no debe saber qué hacer con el brazo, en algún sitio tiene que ponerlo. Sólo consigo escucharles palabras sueltas, pero parece claro que él está rompiendo con ella. Entre Gran Vía y Tribunal, bajo la tierra misma y las tuberías de los hombres, él, quince años, le acaba de decir a ella, quince años, que eso del amor eterno, pues eso… que se baja en la siguiente. No consigo ver la cara de la chica, arrugada sobre sí misma, los cables del emepé enredados con unas trenzas de pelo coloreado. Hemos llegado, y yo también tengo que bajarme. El chico se levanta, no tienen más que decirse. Me quedaría en el vagón, pero tengo prisa. He quedado con unos de la oficina en El Rastro a ver zapatos de segunda mano y aquí trasbordo a Latina.

Qué suerte que tienes cabrona, le digo al pasar junto a ella. Me mira con cara de no entender. Las heridas, cuanto antes, mejor. Déjeme en paz, viejo de mierda, hijo de la gran puta.
Lo siento, bonita, pero me esperan unos zapatos y no tengo tiempo para darte dos hostias.
Lord I must be strong now
I don't belong now
In this world anymore
I'll say a final prayer for
Those I care for
Who've kept my company
My need is clear
I'm dying to have you near
To me Lord I don't belong now